La indiferencia y la pasividad constituyen dos fenómenos profundamente humanos, que aunque relacionados, no son idénticos. La indiferencia implica una disminución del interés, de la sensibilidad o del compromiso frente a aquello que ocurre alrededor de la persona. La pasividad en cambio, se manifiesta como una ausencia de acción, aun cuando el individuo reconoce que existe una situación que requiere respuesta. Pueden surgir de circusntancias muy diferentes: cansancio, miedo, incertidumbre, conformismo, frustración, impotencia o falta de propósito. Cuando se convierten en una disposición permanente, pueden limitar considerablemene el desarrollo personal y social.

El ser humano no vive aislado. Construye su identidad mediante vínculos, decisiones, responsabilidades y proyectos compartidos. La indiferencia prolongada debilita precisamente estos elementos. Se produce un fenómeno: La renuncia anticipada. la persona deja de actuar antes incluso de comprobar si su acción podría tener algún efecto. El problema aparece cuando una experiencia limitada se transforma en una filosofía de vida.

La pasividad aparece cuando la persona espera que otros solucionen aquello que también depende de ella. Se alimenta de tres factores: miedo, comodidad e incertidumbre. Actuar significa que siempre existirá una parte de incertidumbre.

Cuando la pasividad se prolonga aparece un fenómeno importante: La pérdida de propósito y puede aparecer apatía, resignación o desinterés. El ser humano necesita sentir que sus acciones producen algún tipo de consecuencia significativa. La acción no solamente transforma el mundo exterior, también la percepción que una persona tiene de si misma.

En el extremo opuesto de la pasividad encontramos a las personas con iniciativa. Son los que preguntan inmediatamente: ¿Qué puedo hacer? Un líder no necesariamente posee todas las respuestas o que nunca tiene miedo. Consiste en asumir responsabilidad en situaciones donde existe incertidumbre. Y no se basan únicamente en autoridad, sino en credibilidad, competencia y ejemplo.. El verdadero valor del arquetipo del guerrero no reside en la violencia, sino en su disposición para enfrentar aquello que otros prefieren evitar. Ejemplos: el deportista que entrena diariamente; en el estudiante que persevera; en la persona que afronta con responsabilidad una crisis familiar o profesional. La batalla más frecuente del ser humano no ocurre contra otra persona. Ocurre contra la propia tendencia a abandonar. Cuando una persona comprende claramente para qué actúa, aumenta considerablemente su capacidad para soportar las dificultades del camino. Toda evolución personal exige atravesar periódos de incertidumbre, esfuerzo o frustración. Por eso las personas constantes no necesariamente poseen más entusiasmo cada día; simplemente han aprendido a actuar cuando el entusiasmo disminuye.

Aristóteles situaba el coraje entre dos extremos la cobardía y la temeridad. La persona valiente reconce el riesgo, lo analiza y decide conscientemente afrontarlo cuando existe una razón suficiente.

La disciplina permite actuar cuando la emoción desaparece, cuando el entusiasmo disminuye o cuando aparecen dificultades. No depende exclusivamente de «tener ganas». Por ello la disciplina puede entenderse como una forma de libertad. Quien aprende a gobernar sus impulsos aumenta su capacidad para elegir su futuro.

Superarse no significa convertirte en otra persona. Significa desarrollar las capacidades que permanecían latentes. El proceso suele seguir una secuencia: conciencia, decisión, acción, repetición, hábito, carácter. Cuando repetimos suficientemente esa acción, aparece un hábito y si se mantienen, terminan formando parte del carácter, que se construye fundamentalmente mediante pequeñas decisiones repetidas.

La indiferencia y la pasividad pueden convertirse en una forma de renuncia interior mediante la cual la persona abandona su capacidad de influir sobre su propia existencia. frente a ellas se encuentran la iniciativa, la responsabilidad, la disciplina y el coraje. La auténtica superación comienza cuando una persona comienza a preguntarse, qué está ocurriendo a su alrededor y que responsabilidad puede asumir frente a ello. La persona verdaderamente fuerte no es la que nunca cae, nunca teme o nunca duda. Es aquella que aprende a levantarse, pensar, corregir y continuar. Es aceptar que la vida contiene adversidad y que, en lugar de huir sistemáticamente de ella, desarrolla las capacidades necesarias para afrontarla.

Según Aristóteles, la valentía consiste en saber qué debe temerse, qué merece ser defendido y cuando es necesario actuar.

Marco Aurelio decía: «Antes de gobernar a otros, debemos aprender a gobernarnos» Esta idea continúa siendo esencial para cualquier teoría seria del liderazgo. La capacidad de liderazgo comienza por el autocontrol. Quien no puede controlar sus impulsos posee menos libertad de lo que se imagina.

Viktor Frankl, realizó una de las contribuciones más profundas a la comprensión moderna de la resistencia humana. Cuando alguien descubre una razón suficientemente importante para vivir, trabajar o resistir, puede desarrollar una extraordinaria capacidad para afrontar dificultades.

La psicología contemporánea utiliza frecuentemente el concepto de resiliencia. Significa capacidad para adaptarse y recuperarse de situaciones difíciles. La resiliencia introduce perspectiva. Una dificultad pertenece a nuestra historia. No necesariamente define toda nuestra historia.

Una característica importante del fortalecimiento psicológico consiste en aprender a tolerar progresivamente la dificultad. La tolerancia a la dificultad se entrena. Esto conduce a un principio esencial: La comodidad permanente no produce necesariamente bienestar permanente.Un grado razonable de desafío es necesario para el crecimiento.

Una característica común de los líderes respetados es la coherencia. Por eso, la forma más poderosa de liderazgo suele comenzar por la conducta personal.

La fortaleza puede entrenarse mediante prácticas concretas: Definir valores personales, ¿qué clase de persona deseo ser?, desarrollar hábitos positivos, exponerse gradualmente a situaciones que exigen esfuerzo, aceptar que el error forma parte del aprendizaje, evaluar periódicamente la propia conducta, rodearse de personas que favorezcan el crecimiento y mantener un propósito más amplio que la satisfacción inmediata.

Finalmente, podemos decir que desde la antiguedad el ser humano posee capacidades que pueden desarrollarse mediante práctica, propósito y disciplina.La fortaleza humana no consiste simplemente en resistir. Consiste en aprender, adaptarse, mantener principios y continuar avanzando con inteligencia. Por ello, quizás la forma más profunda de victoria humana, es llegar a ser capaz de gobernar el propio carácter. Porque aprendes la capacidad de elegir cómo responder ante la vida.

Ahora la parte de las frases célebres:

_ SÉNECA: «No es porque las cosas sean difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles»

-MARCO AURELIO: «La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos»

-ARISTÓTELES: «La excelencia moral es resultado del hábito»

-PLATÓN: «El comienzo es la parte más importante del trabajo»

-WINSTON CHURCHILL: «El coraje es lo que hace falta para levantarse y hablar; también para sentarse y escuchar»

-NELSON MANDELA: «No me juzges por mis éxitos; júzgame por cuántas veces caí y volví a levantarme»

Feliz domingo querida Famiia y amigos. Cada día podemos ser mejores que ayer. Y quizá esa sea la victoria más importante: aprender a gobernarnos, mantener nuestros valores y continuar avanzando con esperanza, amor y valentía. Un especial saludo a todos los lectores.

 

 

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