La angustia es uno de los sentimientos más profundamente humanos. La época contemporánea parece haber creado condiciones especialmente favorables para que se intensifique. El hombre moderno tiene más medios que muchas generaciones anteriores, pero no necesariamente mayor serenidad. Puede comunicarse con el mundo entero y, sin embargo, experimentar mayor soledad; puede acceder a cantidades inmensas de conocimiento y, al mismo tiempo, sentirse desorientado. Comprender la angustia exige ir más allá de considerarla simplemente una emoción desagradable, puede convertirse en una señal que nos obliga a revisar nuestra manera de vivir.

Soren Kierkegaard, uno de los grandes precursores del existencialismo, relacionó la angustia con la libertad. El ser humano se angustia precisamente porque puede elegir. Vivir significa escoger sin poseer jamás una certeza absoluta acerca del resultado. En este sentido, la libertad no es solamente un privilegio; también puede convertirse en una carga.

Martin Heidegger, profundizó la idea , que la angustia revela al individuo que muchas de las seguridades cotidianas sobre las que construye su existencia son frágiles. El trabajo, las posesiones, el prestigio, las rutinas e incluso las relaciones pueden cambiar. La angustia nos enfrenta, entonces con una verdad incómoda: La vida humana es limitada, vulnerable e incierta. Cuando comprendemos que nuestro tiempo es limitado, comenzamos a preguntarnos cuáles son nuestras prioridades y  que merece realmente nuestra atención.

El hombre moderno, vive sometido a una constante aceleración. Las noticias llegan de manera permanente. Las redes sociales muestran continuamente la vida, los éxitos y las opiniones de los demás.El trabajo invade con frecuencia los espacios que antes pertenecían al descanso. La economía cambia rápidamente. La tecnología transforma profesiones enteras. Las guerras, las crisis políticas, los problemas ambientales y las transformaciones culturales aparecen diariamente ante nuestros ojos. Y así surgen paradojas características de nuestra época:

.Tenemos más información, pero no necesariamente más claridad

. Tenemos más opciones, pero no necesariamente más sentido.

. Tenemos más comunicación, pero no necesariamente más comunidad.

. Tenemos más comodidad, pero no necesariamente más tranquilidad.

Otra característica esencial de nuestra época es la dificultad para aceptar la incertidumbre. La tecnología nos ha acostumbrado a respuestas inmediatas. Podemos conocer el clima, encontrar una dirección, consultar una información o comunicarnos con alguien en segundos. Pero existen preguntas fundamentales que ninguna tecnología puede resolver completamente: ¿Viviremos muchos años?, ¿Tendrá éxito nuestro proyecto?, ¿Durarán nuestras relaciones?, ¿Será estable nuestro futuro económico?. La vida nunca ofrece garantías absolutas. La madurez consiste en aprender a vivir responsablemente dentro de esa incertidumbre.

Uno de los aprendizajes más antiguos de la filosofía consiste en distinguir aquello que depende de nosotros y aquello que no depende de nosotros. No podemos controlar todos los acontecimientos externos, pero podemos trabajar sobre nuestra manera de responder a ellos. Cuando una persona tiene objetivos, vínculos significativos, responsabilidades, principios y proyectos, dispone de una estructura interior que puede ayudarla a atravesar los momentos difíciles.

Hay estrategias para sobrellevar la angustia:

. Nombrar lo que sentimos: Identificar clara y en forma real lo que sentimos.

. Reducir el horizonte temporal: Preguntarnos qué podemos hacer hoy? No pensemos en toda nuestra vida. Cuando nos preguntamos qué podemos hacer hoy, la situación suele volverse más concreta.

. Limitar la sobreexposición a estímulos: Informarse es necesario. Vivir permanentemente conectado a noticias, mercados, redes sociales y mensajes no lo es.

. Cuidar las estructuras básicas de la vida: Sueño, alimentación saludable, ejercicios, relaciones humanas y descanso.

. Mantener vínculos humanos reales: Hablar con alguien confiable es agradable y necesario.

. Aceptar la imperfección: La perfección no existe.La carrera perfecta, la relación perfecta o la vida perfecta. Vivir siempre implica riesgo.

Existe una aspiración imposible que aparece repetidamente en la historia humana: Querer vivir solamente cuando todo esté seguro. Pero ese momento probablemente nunca llegará. La vida verdadera ocurre mientras las cosas siguen siendo inciertas. Por eso el coraje no consiste en no tener angustia. Consiste en avanzar a pesar de ella. Una persona valiente no es aquella que posee todas las respuestas, sino aquella que puede actuar responsablemente aun cuando algunas preguntas permanezcan abiertas. Y recordar que nuestra vida no debe medirse únicamente por lo que conseguimos, sino también por la manera en que vivimos. El hombre moderno puede quedar atrapado intentando satisfacer exigencias que ni siquiera comprende. No debemos permitir que sistemas, expectativas o juicios externos definan completamente quienes somos.

Finalmente, sabemos que podemos perder, fracasar, enfermarnos o equivocarnos. Pero, también podemos aprender, amar, crear, ayudar, reconstruir y comenzar nuevamente. Esa doble conciencia: fragilidad y posibilidad, nos acompaña  en toda nuestra vida . Por eso quizá la verdadera serenidad no consiste en eliminar la incertidumbre, sino en desarrollar una confianza interior suficientemente fuerte para convivir con ella.

A continuación frases célebres del tema:

-MARCO AURELIO: «La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos»

-ALBERT CAMUS: «En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible»

-VIKTOR FRANKL: «Cuando ya no podemos cambiar una situación tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos»

-HENRY THOREAU: «Ve con confianza en la dirección de tus sueños»

-BLAISE PASCAL: «El corazón tiene razones que la razón desconoce»

-BUDHA: «El deseo es la causa del sufrimiento»

Feliz domingo querida Familia y amigos. Cuando la vida se vuelva incierta, no permitamos que el miedo decida por nosotros. Busquemos serenidad , una conversación sincera, la familia, la amistad, la esperanza. Mientras tengamos afecto, propósito y alguien con quien compartir el camino, nunca estaremos completamente solos. Un afectuoso saludo a los lectores.

 

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