El diálogo público es una de las bases más importantes de la vida civilizada. Donde los ciudadanos expresan ideas, críticas al poder, defiendan posiciones distintas, escuchen argumentos contrarios y participen en la construcción de decisiones colectivas. El derecho de opinión y el derecho a estar en desacuerdo son fundamentales: Sin ellos, la sociedad se vuelve obediente, temerosa y pasiva; con ellos, la sociedad puede corregirse, renovarse y defenderse de los abusos del poder.
El origen más visible del diálogo público se encuentra en la antigua Grecia. En 507 a.C. en Atenass y desarrolló un sistema popular llamado Democracia, pero era solo para ciudadanos varones libres, quedando fuera mujeres, esclavos y extranjeros. Luego en Roma, el debate público tomó forma en el Senado, los foros y la tradición jurídica. Durante la Edad Media la opinión pública esuvo muy condicionada por el poder religioso, monárquico y feudal. En muchos casos disentir podría ser considerado herejía, traición o rebelión.
El gran avance llegó con el Renacimiento, la ilustración y las revoluciones liberales. La imprenta permitió difundir ideas; los cafés, periódicos, salones literarios y academias crearon nuevos espacios de conversación pública.
Pero la libertad de opinión también exige madurez. Una sociedad donde todos hablan pero nadie escucha termina en ruido. Una sociedad donde todos acusan pero nadie argumenta termina en violencia verbal. Una sociedad donde cada grupo solo acepta su verdad termina en fragmentación. Por eso, el desacuerdo es adecuado y necesario cuando se practica con tres condiciones: respeto, fundamento y responsabilidad.
la libertad de opinión favorece al ciudadano porque lo convierte en sujeto activo y no en simple obediente del poder. En democracia, el ciudadano tiene derecho a preguntar, fiscalizar, protestar, apoyar y cambiar de opinión. Sin libertad de opinión, el voto pierde valor, porque votar sin información libre es solo cumplir un ritual. La democracia madura no teme al desacuerdo; lo ordena mediante leyes, instituciones y respeto civil.
El problema de la gran mayoría de países con mentalidad de izquierda, es el totalitarismo, donde no se aceptan elecciones libres, prensa independiente, alternancia en el poder, pluralismo y libre mercado. En un gobierno de izquierda totalitaria no hay libertad de opinión pública. El estado se presenta como representante exclusivo del «pueblo», de la «revolución», de la «clase trabajadora» o de la «justicia social». Quien discrepa es tratado como enemigo del pueblo, agente extranjero, burgués o traidor.
En este tipo de régimen: la prensa se vuelve dependiente del Estado, la educación se convierte en instrumento ideológico, la oposición es vigilada y el ciudadano aprende a callar para sobrevivir social, laboral o políticamente. El ciudadano conserva la voz pero pierde la libertad.
Una democracia fuerte no es aquella donde no hay conflicto, sino aquella donde el conflicto se procesa con argumentos, instituciones y respeto. la libertad de opinión no garantiza que siempre triunfe la verdad, pero si impide que una sola autoridad se adueñe de ella. Por eso defender el derecho a opinar y disentir es defender la condición misma de ciudadano libre. La Declaración Universal de derechos Humanos de 1948 establece en su artículo 19 que toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y expresión, incluyendo buscar, recibir y difundir información e ideas por cualquier medio.
Actualmente, el diálogo público vive una paradoja. Nunca antes se había tenido tantos medios para opinar: redes sociales, medios digitales, canales independientes, foros, podcasts y plataformas de comunicación. Pero tampoco había sido tan fácil manipular, polarizar, insultar, desinformar o encerrar a las personas en burbujas ideológicas. La consecuencia más grave es la moral: la persona deja de hablar con sinceridad. Cuando esto ocurre, la sociedad se enferma de simulación. Nadie sabe realmente que piensa el otro; el poder recibe aplusos pero no verdad; el ciudadano conserva la voz, pero pierde la libertad.
En estas líneas finales solo deseo invocar al ciudadano peruano que voten por la patria. Voten por la Democracia y la libertad contra el totalitarismo de la izquierda radical. Que hagan un sacrificio por ella como: Bolognesi que sabiendo la inmensa mayoría del enemigo sacrificó su vida hasta quemar el último cartucho; Grau, igualmente sabía que la armada naval enemiga era superior sacrificó su vida por la patria; Y tu ciudadano Peruano: sacrifica la comodidad de tu domingo y concurre a votar por la patria: Democracia y libertad.
A continuación algunas frases céebres del tema desarrollado:
– VOLTAIRE: «la tolerancia comienza cuando acepto que mi adversario también tiene derecho a la palabra»
– ALEXIS DE TOCQUEVILLE: «la opinión pública sin educación puede convertirse en multitud; con razón, se convierte en ciudadanía»
– EVELYN B. HALL: «No comparto lo que dices, pero defenderé tu derecho a decirlo»
– JOHN LOCKE: «Donde termina la ley, comienza la tiranía»
– ARISTÓTELES: «La democracia necesita ciudadanos que hablen, pero también ciudadanos que escuchen»
– EPICTETO: «Escuchar antes de responder es una señal de dominio de si mismo»
Feliz domingo querida familia y amigos. Es imposible que todos pensemos igual, y eso no debe separarnos; alcontrario, puede ayudarnos a comprendernos mejor. Hablar con respeto, escuchar con paciencia y aceptar el desacuerdo nos hace más humanos, más libres y más unidos. Que nunca nos falte la palabra sincera, pero tampoco la humildad para escuchar al otro. Un afectuoso saludo a los lectores
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